CORAZONCITO CORONARIO
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Al pensar en la relación entre la enfermedad y la escritura me vienen a la mente tres figuras: Nietzsche, Mann y Baudelaire. Un día Eligio Díaz me comentó sobre la posibilidad de leer Las flores del mal como Las flores de la enfermedad; posibilidad no tanto de corrección sino de ambigüedad. Me parece que en rasgos generales la enfermedad sería un estado que permitiría “salir”, y así tanto la enfermedad como el mal serían espacios externos. Podemos también pensar en la anécdota de Thomas Mann relacionada con la escritura de La montaña mágica. Al ir a un sanatorio como acompañante el médico le sugiere quedarse. Mann declina la recomendación del doctor, se va a casa y comienza la escritura de la novela.
Claro que esto es un tema vasto, pero lo que me importa señalar aquí es que el libro Corazoncito de Inti García Santamaría (Ciudad de México: Compañía, 2004) me hizo pensar en esta relación. Y no sólo porque en el libro hay imágenes de enfermedad como aquella de la ortopedia del hámster. Esto es lo que veo también con la reiteración del autismo; o, por ejemplo, la fotografía del mismo autor en diferentes etapas de su vida (pp. 54-55) con el titulo “Primer pabellón de niños bipolares”. El pabellón del título indicaría un espacio donde reside la enfermedad, posiblemente no tanto para ser curada sino contenida.
Pero no es sólo por esto por lo que me llamó la atención la presencia de la enfermedad en el libro, sino porque ésta invade otros niveles del texto: en Corazoncito es el lenguaje lo que está enfermo. García Santamaría enferma a su lenguaje para que sea tanto un afuera como un umbral hacia ese afuera, hacia ese espacio “diferente” desde donde cuestionar/vivir la realidad. No estoy seguro pero también podría ser que el lenguaje ahí es un tipo de anti-lenguaje, tanto como Dadá fue un anti-arte—y no faltan evocaciones a ese movimiento en el libro. La enfermedad como una realidad fuera de lo normal, fuera de la norma. La enfermedad como una visión distinta y siempre ajena. García Santamaría no busca una visión objetiva de la enfermedad, Corazoncito no es un libro cuyo tema sea la enfermedad; es decir no comenta la enfermedad, ya que esto sería buscar una relación de poder ante el débil, el enfermo. Lo que veo en Corazoncito es precisamente lo contario, ya que al enfermar su propio lenguaje García Santamaría está trastornando su propio lugar en la realidad debilitándose a sí mismo y, por lo tanto, colocándose en una postura de vulnerabilidad. Esta es, a mis ojos, la honestidad del libro. Y esta es, a mis ojos, la propuesta de una poética “débil” similar a aquel pensamiento “débil” en la filosofía.